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LA ARCHICOFRADÍA RECUPERA EL SOLEMNE OFICIO DE LAS SANTAS LLAGAS

 

 

El 6 de marzo, en la Capilla del Cristo de Sangre, se celebró el OFICIO DE LAS SANTAS LLAGAS, recuperando una antigua tradición de la Archicofradía.

 

OFICIO DE LAS SANTAS LLAGAS

Los reglamentos de la Archicofradía de la Sangre estipulaban todavía en las décadas finales del siglo XIX la obligatoriedad de celebrar fastuosamente el Quinario durante los miércoles de la Cuaresma; dentro de ellos se anotaba el necesario rezo de las Santas Llagas solemnizado con música de orquesta. Esta costumbre perduró hasta hace no muchas décadas según recuerdan no pocos fieles carmelitanos.

La costumbre de este rezo hunde sus raíces en los tiempos medievales encontrando amplio eco en las regiones levantinas de la península; concretamente Valencia se convierte en capital de la región capuchina de la Preciosísima Sangre contando con figuras de diverso rango intelectual que versan sobre la Sangre de Cristo y sus Santas Llagas. El dominico Juan Micó es uno de ellos y publica, ya en el siglo XVII, el "Officium Sanguine Christi" donde se configuran por vez primera los usos litúrgicos de la festividad de la Sangre.


Dicho "Oficio" fue integrado por el Patriarca Juan de Ribera como centro de dicha festividad, extendiéndose por toda la Diócesis valentina y por las adyacentes. El propio Colegio del Corpus Christi recoge de forma escénica diversas secuencias rituales de este y otros cultos conceptuando sus fórmulas y extendiéndolas por los reinos adyacentes.


De la dependencia de los cultos desarrollados en Murcia en honor de la Sangre de Cristo con las ceremonias valencianes ya trata Diaz Cassou en su "Pasionaria murciana"; se sabe, además, de la composición de magníficas piezas musicales que el mayordomo Julián Calvo dedicó a los cultos de la Cofradía precisamente bajo el título de "Santas Llagas". Nada de aquello subsistió a las destrucciones de la contienda civil.


Si resta, por contra, el recuerdo de aquellos surtidores que emanaban de las principales Llagas de nuestro Titular vertiendo su copiosa y salvífica Sangre. Bebiendo de aquellas raíces y conociendo con rigor la filiación valenciana de estos cultos la Archicofradía se ha puesto manos a la obra en este Año de la Fe para recuperar parte de aquel esplendor litúrgico de antaño.


La ceremonio u Oficio de las Santas Llagas no es sino una adoración ritualizada y contemplación piadosa de las principales heridas que la Pasión causó sobre Cristo. Así el rezo de cada una de ellas quiere ser una señal eucaristica que ejemplifiquen el papel central de la Sangre de Cristo como bebida de Salvación; instrumento de redención para las almas.


El recorrido que realiza el sacerdote sugiere una suerte de corografía sacra, cartografía para el espíritu del hombre. La reverencia que se expresa en las sucesivas genuflexiones expresan la adoración a Cristo y a su obra salvadora. Esta gestualidad esconde una evidente analogía con la veneración de las Llagas que, sobre una imagen Yacente, se realiza cada tarde de Viernes Santo en la capilla del Colegio del Patriarca de Valencia.


Con su restauración en Murcia se cierra un círculo significativo que liga toda la tierra hispana que se riega con la Sangre de Cristo; la fundación de la Archicofradía por San Vicente Ferrer, la ejecución del Cristo por N. De Bussy (también vecino de Valencia) y la propia adscripción de los cultos contemplativos de las Llagas que, como dijo Díaz Cassou, respiran también alma valenciana.

 

 

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